A Aula de Teatro da USC estrea esta obra escrita por Francisco de Monteser e editada no ano 1651 en Alcalá, con algunha adición respectuosa para a súa posta en escena
Horario:
20 de decembro de 2011 21:00 Lugar:
Salón Teatro Rúa Nova, 34
Prezo:
Entrada de balde previa recollida na billeteira que estará aberta desde as 18.00h
Mañán o grupo Mequetrefes Teatro chega a Aula de Cultura de Betanzos (Liceo) para representar a súa ultima obra "De cando meus pais me plantaron nunha maceta". Escrita, dirixida e interpretada por Estevo Azañón, Patricia Coucheiro y Lucía Abarrategui.
Entrada gratuíta
Duración aprox: 75 min.
Sinopsis: Ano 2250, Nova-Castro de Seoane. A deshumanización é patente na sociedade. Moitas das familias teñen que servirse do ritual da plantación para soportar a vertixe do mundo. Parece que o movemento futurista toma sentido.
Intersantes los capitulos que está sacando David Lendoiro Perdomo sobre "S Koruño", el legado lingüístico de la ciudad de LLa (como el dice) o A Coruña.
Lo cierto es que lo hace muy bien, realismo puro y duro, jaja.
Título Original: STONE Dirección: John Curran Guión: Angus MacLachlan Intérpretes: Robert De Niro, Edward Norton, Milla Jovovich y Frances Conroy Nacionalidad: EE.UU. 2010 Duración: 105 minutos
Hacía tiempo que no veía una película con un guión tan malo, ¿Cómo puede un productor poner a funcionar ese guión? Hablo de Stone, la última película de John Curran que se ha rodeado de un, en principio, genial elenco de actores principales: Robert de Niro, Milla Jovovich y mi admirado Edward Norton.
Pero por mucho gran actor que puedas contratar para un filme, si el guión no está bien construído, la película se viene abajo rasgando la verosimilitud y arrastrando a los intérpretes.
¿La historia? “Un oficial de libertad condicional (Robert de Niro), se dejará seducir por la mujer (Milla Jovovich)de un preso(Edward Norton) para conseguir su libertad”
El filme se articula a través de las conversaciones del preso y el funcionario, una contraposición que sugiere la tópica pregunta de qué es realmente lo bueno y qué es lo malo, aquello de “no el malo es tan malo ni el bueno es tan bueno”, que pone en quiebra los valores religiosos.
Pero lo que falla, no es tanto la historia como el argumento, cómo se ensambla la historia. La información está muy mal suministrada, en todo momento, deducimos lo que va a pasar, no hay un clímax, con el planteamiento casi podemos deducir el nudo y el desenlace ( o no, porque suponemos que tiene que pasar algo sorprendente para que la peli llegue a buen puerto y no pasa). Si a esto le sumas que las conversaciones preso-funcionario son redundantes y destruyen cualquier sutileza que pudiera haber, esto se convierte en un argumento totalmente triturado para que el espectador solo tenga que tragar, pero a mí me han dado arcadas.
Cuatro personajes principales: funcionario-mujer, Stone-mujer. El funcionario, que está a punto de jubilarse, entra en crisis en cuanto se tambalean los cimientos de su cotidianidad: sus valores religiosos, el fingimiento de su matrimonio, la ética de su trabajo... Y para crisis, la de Stone, una fuerte crisis existencial que lo sume en los mundos de la literatura esotérica. La mujer de Robert de Niro, una completa trastornada que cree que todo lo que ocurre es por medio del señor, que no habla con su marido. Milla Jovovich, una inocente e ingenua esposa de líbido excesiva.
Lo que más chirría es la redundancia de la información, la película comienza con las amenazas de irse a Robert de Niro por parte de su mujer unos 20 años antes (bien hecho el casting en este caso, algo bueno había que hacer). Él, para que no lo abandone, amenaza con tirar a su hija por la ventana. Pues bien, parece que el guionista piensa que el espectador no va a entender en ese primer hecho que Robert de Niro es un desgraciado que tiene anulada a su mujer. Por lo que, en numerosas ocasiones, tenemos que ver como omite a su mujer, como se refugia en el alcohol y la facilidad que tiene para dejarse conquistar por Milla Jovovich.
SPOILED
Al final de la película, veremos como la mujer comenta a su hija que una vez intentó abandonar a su padre, porque sí al final lo deja, y no pudo. Y la hija pregunta que pasó y así, como volviendo al principio acaba la película que, como no podía ser de otra manera, Milla Jovovich cuenta a Edward Norton que se ha acostado con Robert de Niro y supuestamente este quemaría su casa, siguiendo su instinto pirómano.
Si falla el argumento nos quedaría pensar en que la historia la sostengan, por lo menos, los personajes y el estilo. Lo cierto es que la construcción de los personajes y sus intérpretes, es el único colchón que puede sostener parte de la trama pero el estilo es nefasto, se abusa de transiciones, de la música, de regocijarse en los encuentros sexuales de Milla Jovovich, un estilo hortera y banal. Acaba siendo tan redundante, evidente y sumamente lenta que estaría justificado que devolvieran el dinero al espectador.
El guionista se cebó en el mensaje que quería transmitir y la película se convierte en una docencia sobre la moralidad que deja de lado la importancia de una estructura de guión sólida, un argumento que defienda la historia decentemente y un estilo que lo acompañe. La trama se desinfla sin que Curran sepa reanimarla.
Una película con falta de verosimilitud que usa el recurso del paralelismo entre personajes y nos quiere enseñar que una persona que juzga, muchas veces es la que más tiene que ser juzgada.
Pero no os preocupéis, que si cometéis el error de pagar por verla, en la película, insistirá una y otra vez en ese tema y en sus motivos temáticos para que nadie se vaya sin entenderla.
Aparecer en los créditos de un videoclip como realizador no es tarea sencilla y quien llega a serlo no está ante un trabajo fácil, como a simple vista podemos pensar.
Y no lo es, porque no estás en el papel de artista con todo el peso de la palabra, si no sometido como antaño a la “presión de un mecenas” tal como si estuviéramos en el renacimiento, la productora que te paga, y a las directrices de un artista que quiere dar una imagen.
Eso por no mencionar que, normalmente cuando una productora te llama pidiendo una idea vas a estar compitiendo con otros diez realizadores. ¿y si no te gusta la canción para la que estas trabajando? ¿ y si no se te ocurre nada? trabajan contratiempo en los limites de la creatividad y el pragmatismo.
Además, cuando hablamos de videoclip no solo estamos hablando de un video que pone imagen a una determinada canción, sino que hablamos casi de un spot publicitario con lo cual entra en juego una faceta más psicológica y mercantil, estás vendiendo un producto lo cual pone en conflicto los términos más artísticos.
Pedro Castro, es un treintañero gallego que tiene a sus espaldas 199 videoclips. Actualmente está viviendo en Los Angeles y trabaja como realizador de videoclips, aunque también ha hecho trabajos como director de iluminación. Ha trabajado para El sueño de mofeo, Alejandro Sanza, Bonjovi, Britney Spears, Madonna… y actualmente ha hecho el último videoclip de Carlos Baute.
Hace unos días ha estado impartiendo un taller de videoclip, en el marco del festival u`frame, en A Coruña para alumnos de Comunicación Audiovisual donde no sólo hablo de su experiencia y sus comienzos sino que intentó acercar al grupo a lo que es enfrentarse ante el folio en blanco para escribir algo original a partir de una letra. Los alumnos tuvieron que escribir una historia en base a una misma canción que al día siguiente comentaron y que probablemente se llevará a cabo en un futuro taller.
En este mismo taller, además de diversas anécdotas sobre sus trabajos Pedro tuvo la deferencia de explicarles unas nociones básicas sobre iluminación con material de la UDC.
A pesar de todo lo que les enseñó, Pedro Castro resaltó “que aunque a todo el mundo le pasa, como gallegos tendemos a no creérnos las cosas que hacemos y ahí está la clave para ser respetado y llegar lejos, creérte lo que vales” al mismo tiempo destacó que lo que más le gusta de su trabajo es el trabajar con los artistas descubriendo que no son lo que parecen, su humanidad.
Pedro Castro demostró que para trabajar como director hay que tener mucha psicología, ponerte en la piel del otro para comprender la situación de todas las personas que están implicadas en un rodaje y que no se estanque, que vaya hacia adelante.
Una pegada a la otra. Cabeza con cabeza, brazo con brazo, pierna con pierna. Abrazadas como si se fuese a acabar el mundo de un momento a otro. Lo habían decidido, estar juntas, permanecer juntas, querían burlar el tiempo, dejarlo todo por aprovechar cada segundo una a la par de la otra.
Ella, su madre, se lo había explicado. Si todo transcurre de forma natural, moriré antes. Como escaleras mecánicas, nacemos y morimos, quien nace antes muere antes. Su hija lo había interiorizado de tal manera que propuso la idea, no podía soportarlo.
Aquel día llegó a casa y aseguró que había dejado todo para estar a su lado para siempre, le dedicaría todo su tiempo, ya de perderla quería quedarse tranquila sabiendo que había aprovechado todos los segundos de su vida con ella, lo más importante de su vida.
Ellas juntas. Cabeza con cabeza, cuerpo con cuerpo. Se apretaban la mano como si ese fuera el último minuto. Sus vidas se habían convertido en un martirio. En unos años, una se iría y la otra, la otra qué haría.
Vivían en una cuenta atrás, centradas en esa idea que no les dejaba dormir, que no las dejaba vivir. Una idea que les producía escalofríos, sin respiración. Se apretaban las manos pero era insuficiente, era como saber que algún día no podrían hacerlo y entonces, entonces el gesto se quedaba corto y llegaban las lágrimas, lágrimas que se contagiaban.
Habían perdido el sueño, el hambre, lo estaban perdiendo todo. Ya pocas veces se levantaban de aquel viejo sofá. Se consolaban, una a la otra. Dejaron de contestar al teléfono, no abrían la puerta a nadie.
El salón se había adquirido los tintes del drama, olía a cadáver y nadie había muerto. Un salón lleno de llantos, de oscuridad. Un salón exasperante, cargado, una cárcel, un martirio. Pero ellas seguían sin querer salir de ese lugar, dando todo la una a la otra.
Aquella situación empezaba a transcender, era como si a los vecinos les llegara el agobio existencial de aquellas dos mujeres. Intuían algo, pensaban que habían perdido el norte, que estaban locas. Pronto no hubo otro tema de conversación en el barrio.
Entonces, un mes más tarde llegó él, el padre, el marido. Alertado por la gente del pueblo. No daba crédito, temía abrir la puerta, no sabía con que se encontraría. Le habían dicho que ellas tenían la luz encendida día y noche, que no se las veía por la calle apenas, que habían perdido el contacto con su mundo, que se oían llantos cada noche. A veces la niña perdía el control y gritaba, se oían ruidos, como si arrastraran muebles.
Él se sentía culpable, no sabía que decir a los vecinos. Hacia años que no sabía nada, metió la llave en la cerradura, temió que la hubieran cambiado. Todo en regla, encajaba. Al fin la puerta cedió, se asomó lentamente.
Dos sillas tiradas dificultaron su entrada en el salón. A la izquierda aquel mueble con un cristal roto. La alfombra descolocada, el teléfono descolgado, el auricular estaba en el suelo. Ellas allí, sentadas en el sofá, una con la cabeza apoyada en el hombro de la otra, parecían dormir, las manos agarradas fuertemente.
Él no supo reaccionar, no sabía si despertarlas y pedir explicaciones, sintió miedo. A los dos días, la guardia civil intervino, ambas fueron ingresadas en un centro psiquiátrico. Cuando se enteraron los vecinos, se empezaron a oír comentarios orgullosos “ya te lo dije”, “que mal se pusieron”, “de un día para otro”.